lunes, 9 de mayo de 2011

Pequeños milagros

Quiero contarles algo que me pasó. Me emocionó mucho y realmente quiero compartirlo con ustedes porque no es algo que se viva todos los días, al menos no en mi caso.

¿Viste que dicen que hay cosas imposibles? Bueno, yo creía que era así, pero el sábado sucedió algo que me hizo replantearme esta creencia.

Eran las seis de la tarde, ponele (ponele porque los sábados uno no lleva bien la cuenta de qué hora es, a diferencia del domingo que vas viendo cómo se consumen una a una las horas del día, cada vez más cerca del horario maldito: las 7 de la tarde. Las 7 de la tarde del domingo son el equivalente en tiempo a 3 horas en el dentista con dos tornos en la boca y tres luces de esas luces de mierda que usan los dentistas apuntándote a los ojos). Eran las seis de la tarde, decía, y hacia una hora más o menos había puesto el lavarropas. Ya había pasado la media hora que dura el lavado (consejo de abuela: usen el lavado rápido normalmente, alcanza y sobra; sólo es necesario el programa largo cuando la ropa está muuuy sucia) y sabía que en algún momento iba a tener que abandonar la comodidad de mi futón y mi laptop para ir a colgar la ropa.

Me pareció en algún momento ver pasar a G. hacia el lado de la cocina pero, cosa rara, no había notado que regresara. Sin embargo, el depto estaba silencioso. No se escuchaban ruidos desde ninguna parte, ni desde el cuarto ni desde la cocina/lavadero. Empecé a sospechar que algo raro pasaba cuando sentí ese ruido característico que hacen los tenders cuando chocan contra algo. Pero... no, era imposible. No podía ser.

Esperé un rato más, empezando a preocuparme por la ausencia de ruidos. Cada tanto algún eco lejano, cada tanto. Finalmente, intrigada, decidí levantarme y caminé lentamente, casi como quien está en misión de espionaje, para ver si mis sospechas se verificaban en la realidad.

No puedo expresarles con palabras la emoción que sentí en ese momento. Sé que son cosas que no pasan seguido y que no debo acostumbrarme a los pequeños milagros. Pero... qué puedo decirles? Fue una mezcla de orgullo con felicidad. Una especie de "no puedo creerlo" mezclado con "ay... voy a llorar".

G., desde un banquito, intentaba (y lo lograba, a su manera) colgar la ropa que yo había puesto a lavar un par de horas antes.

13 comentarios:

¨ce_ dijo...

I want to believe.
Como en el poster que tenía en la oficina Mulder.

Ms.V(unplugged).- dijo...

Sos guacha Marta!!! Jajaja!!!

Un Simple Blog dijo...

Para los que vivimos solos no queda otra alternativa...

Xoi dijo...

Groso.

sofía dijo...

Jajajajaja me hiciste reír! Pensé que ibas a hablar de una aparición sobrenatural,de un espíritu o algo así.
Con este hecho, todos podemos observar que ALGO estás haciendo bien. Felicitaciones!

gastmun dijo...

Lo de las 7 de la tarde del domingo es una gran verdad, te lo salvó el milagro hermoso del día

Gustavo dijo...

A mi también me pasó una vez de tender la ropa, y descubrí que no dolía.

Ela dijo...

te envidio un toco asiiiiiii!!!!!!

Madie dijo...

Pero cuándo volvió G??? Cómo fue el reencuentro??? Por qué no hubo reflejo de todo eso en el blog???

Yo no creo que jamás vea eso en mi casa, principalmente porque no tengo lavarropa :P

~Coraline dijo...

jaja posta buenisima, sigo sin entender como llego G pero bueno
beso

Adri510 dijo...

Pau, sabelo, G es un groso!!!, jajaja. Beso!

jumper. dijo...

JAJAJA, pensé lo mismo que sofía!

igual re bien lo de G.!

Anónimo dijo...

Pobre G. lo castraron! Cuelga la ropa sin chistar, saca la basura, le falta pasar por el registro civil nomás, pero a un pasito. Bien Pau!