Me habían dicho que "Comer, rezar, amar" no era bueno. Ni el libro ni la película. Tal vez por eso cuando finalmente pude conseguir el libro, empecé a leerlo con cierto desdén. Lo estaba buscando desde hace rato y la respuesta era siempre la misma: "Agotado". En una librería incluso me dijeron: "Lo tengo, pero está reservado así que no te lo puedo vender".
Un día llegué a casa y G. me lo había comprado. Yo había conseguido una copia en pdf y lo iba leyendo como podía. Con el libro en mis manos, me metí de lleno.
Será que estaba ya muy mal predispuesta que, cuando empecé a leer, no me pareció tan malo. Italia fue tranqui, India fue una revolución, Indonesia fue un cierre tranqui. De alguna forma, todo lo que la mina vivió, sabiendo que es real (más allá de cierta dramatización que le puedan haber dado al libro) me llegó. Su divorcio; su búsqueda de un dios, cualquier dios, un dios en el que creer; su maestro sin dientes. En todo encontré un punto de reflexión.
Ayer vi la película. Empecé a llorar a los 10 minutos y no paré hasta el final. No podía evitarlo. Todo me emocionaba. Aún cuando, como siempre, la película no refleja lo que el libro logra. Aún cuando, finalmente, sea una historia más.
Y claro, como siempre, me quedé pensando en eso de que cada momento tiene su particularidad y depende mucho de esto el qué pensamos y el cómo nos resulta un libro o una película. A pesar de que la gran mayoría de la gente me dijo que el libro no decía nada y que la película era sosa, a mi me parecieron ambos maravillosos. Y claro, como siempre también, siempre es mucho mejor el libro que la película.