domingo, 31 de octubre de 2010

Ramón estuvo acá

Me hice dos mapas en Google Maps. Uno con los lugares que conocí. Otro con los lugares que quiero conocer. Ambos están incompletos pero con el tiempo iré "perfeccionándolos".

Acá los tienen:

1- Donde estuve:


Ver Yo estuve aqui en un mapa ampliado

2- Donde quiero estar:


Ver Ahí quiero ir en un mapa ampliado

¡Los invito a hacer sus propios mapas y compartirlos! Sirve para pasar un buen rato recordando e imaginando y, lo mejor, es gratis :P

jueves, 28 de octubre de 2010

Nunca me olvides

A la vuelta de mi casa, sobre un muro gigante color crema, alguien le escribió a Romina, con aerosol negro, las siguientes palabras: "Ro, qué hermosa que estás hoy!". No sé quién es Romina, o si realmente se llama así. Tal vez sea Rocío o cualquier otro nombre.

La cuestión es que cada vez que paso por ahí y leo ese mensaje, desde mi costado romántico pienso: "qué amor el tipo... quiso que todos los días, cuando ella saliera de su casa, leyera ese mensaje y pensara 'hoy estoy linda'". Pero hoy pasé por esa cuadra y leí el mensaje y, no sé por qué, lo reinterpreté. O, mejor dicho, lo contextualicé.

Yo crecí rodeada de montañas. Desde mi casa, podías verlas de fondo. Siempre presentes, siempre inmensas, siempre ahí. Un paisaje increíble. Los colores, las formas, la nieve (poca y a veces). Todo es increíble. Sin embargo, no me di cuenta de lo lindas que eran mis montañas hasta que me fui y volví. Me fui y volví unos meses después y dije "la puta madre! crecí rodeada de estas montañas y recién ahora me doy cuenta de lo increíbles que son!".

Imagino que a Romina le pasará lo mismo. El mensaje está ahí, cada vez que ella abre la puerta. Está ahí diciéndole que está linda, hoy, ayer, mañana. Siempre está linda. Y sin embargo, ¿cuán consciente será ella de ese mensaje cada día? Seguramente las primeras veces que vio el mensaje se sintió linda, recibió la "comunicación" correctamente. Pero, una vez acostumbrada, ya el mensaje incorporado a su paisaje urbano, ¿será capaz de recordar que esa mancha negra sobre la pared beige es un mensaje para ella? ¿Tendrá todavía el efecto buscado? Lo dudo.

En la esquina de mi laburo alguien escribió con aerosol negro sobre una pared roja: "Que la sigan chupando". Ese sí que es un mensaje corto y efectivo. Cada vez que lo leo pienso "Si, totalmente, que la chupen! Todos putos!" y sonrío.

martes, 26 de octubre de 2010

5 cosas que no podés esperar de tu novio geek

  1. Que entienda que "quality time" no es arreglar juntos la pc
  2. Que no intente convencerte, una y otra vez, de que Linux es mejor que Windows
  3. Que no ame a Megan Fox con sus remeras geeks tomadas prestadas de su hermano
  4. Que cuando le preguntes algo y no entiendas su respuesta, no te hable como a una tonta, explicándote con aire de suficiencia y con los ejemplos más básicos cómo funciona la cosa
  5. Que no se ponga histérico cada vez que le pedís que te instale la impresora (una vez más)


lunes, 25 de octubre de 2010

Get real

¿Por qué hay gente que se empeña en querer hacerte creer que su vida es perfecta? ¿Cuál es el objetivo? Porque, una vez solos, todas las miserias y tristezas siguen ahí, presentes, por más que el mundo crea (o nosotros creamos) que no existen. Y, contra eso, no hay forma de luchar.

La realidad es tantísimo más fuerte que la fantasía...

jueves, 21 de octubre de 2010

Todos somos Adri y Yael

Todos nos reímos con el video de Adri y Yael, no? Yo no puedo dejar de cantar la letra desde hace tres días, se lo paso a quien quiera escucharlo y hasta mi estado de Facebook dice "Todo comenzó algún tiempo atrás en Hebraica Pilar".




Sin embargo, ¿quién puede tirar la primer piedra? No digo que todos nos hayamos ridiculizado en Cadena (YouTube) Nacional pero seguramente más de uno de nosotros hizo cosas de las que, hoy por hoy, no estaría orgulloso: colgar un pasacalles (puaj); regalarle un osito de peluche a tu novio con un corazón gigante (puaj); hacer un video con música de Montaner de fondo y un collage de fotos pasando en cámara lenta (puaj puaj puaj).

El amor te hace esas cosas. Te deja estaqueado en medio de YouTube.

Yo he escrito los poemas, cartas y posts (je) más melosos que se puedan encontrar. Ustedes ¿qué hicieron?

Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.

Julio Cortazar, Rayuela

miércoles, 20 de octubre de 2010

Cochina

Yo no sé si yo era una cochina o si la gente es demasiado pulcra pero, ahora de grande, vengo a enterarme que la ropa nueva debe lavarse antes de usarse.

Yo me estoy desayunando con esta novedad. ¿Soy una cochina o la gente se va al carajo?

martes, 19 de octubre de 2010

¡Déjenme salir!

Hace unos años me invitaron a una casa en el delta. Era en una isla, totalmente desconectada. La lanchita nos dejaba el sábado y nos buscaba el domingo. No teníamos señal en el celular ni forma de comunicarnos con el "exterior". Yo empecé a sufrir anticipadamente por la posibilidad de que algo nos pasara y no tuviéramos forma de buscar ayuda. Inevitablemente, esa noche me descompuse y terminé abrazada a un inodoro. Profecía auto cumplida, que le dicen.

Unos años más tarde, estaba en el campo de mi viejo. Un campo perdido en medio de las montañas, a 20 minutos de camioneta de cualquier contacto con la humanidad, sin electricidad. Mi viejo tuvo que ir al pueblo una mañana y nos dejó solos, nuevamente sin celular y sin salida posible. Esa mañana experimenté mi primer ataque de pánico. Nuevamente, la profecía auto cumplida.

Cuando era chica no lo sufría, o al menos no era consciente de lo que me pasaba. En algún momento empecé a sentirlo. Es un miedo profundo que te hace temblar las patas. Es un cosquilleo que te recorre el cuerpo y llega a tu cabeza, que trabaja sin cesar imaginando escenarios posibles en los que vos, completamente desamparada, no podés salir al aire libre, no podés alejarte del tumulto de gente, no podés escapar.

La claustrofobia me agarra en los momentos más impensados y con las cosas más estúpidas: zapatos demasiado ajustados, un recital donde todos estamos sentados y no hay tumulto, una fila para algo, un avión, colectivo o auto.

Algo que antes era apenas una molestia, se convierte cada vez más en problema. Intento no usar el subte sola porque hace un año tuve un semi accidente en el que pensé que me moría. Tuve una sensación similar en la marcha de orgullo gay, acompañada de dos amigas. No podía, bajo ningún aspecto, caminar por el medio. Tenía que ir sí o sí al costado. A las 5 cuadras decidí que no podía seguir y me fui.

Descubrí que si leo o si escucho música, puedo ignorar la molestia. Eso hago, entonces, para no dejar de hacer cosas que me gustan, que disfruto o que me son convenientes (porque, seamos honestos, viajar en bondi a las 6 de la tarde nunca es mejor opción que tomarte un subte). Así, aprendí a manejar los miedos a los posibles escenarios. Porque soy consciente de que son miedos por potencialidades y no por realidades.

Aprendí a manejar la respiración para no sentir ese ahogo, esa falta de todo que te hace pensar que te morís, ahí mismo, y que nadie te va a poder ayudar.

Sé que no estoy sola, sé que le pasa a mucha gente. Lástima que no podamos reunirnos todos para compartir las experiencias porque, paradójicamente, nos agarrarían ataques simultáneos de claustrofobia.

lunes, 18 de octubre de 2010

Deal breakers

¿Qué es un deal breaker? Es algo que no podemos ni queremos tolerar en la persona que tenemos al lado. Son cosas que hacen que una relación, generalmente nueva, se rompa. Son aquellas características de la otra persona que hacen que uno decida cortarla, abandonar el barco, tirar todo por la borda, tirar la chancleta, bajar los brazos y todas las frases o analogías que se les puedan ocurrir. Liz Lemon (Tina Fey) nos presentó este maravilloso concepto en 30 Rock:


Los míos, entre otros, son:

- Que escriba con (demasiados) errores de ortografía
- Que no le guste ver películas/series/TV
- Que su idea de un fin de semana copado sea hacer todos los deportes habidos y por haber
- Que no le guste leer
- Que sea misógino / Que crea que las mujeres estamos para servir a los hombres /Machismos
- Que sea avaro, rata, tacaño, codito.
- Que no sea ambicioso (en el buen sentido de la palabra)

Y los suyos, ¿cuáles son? ¿Por qué razón dejarían de salir con alguien o, por lo menos, no lo considerarían "apto" para una relación un poco más seria?

miércoles, 13 de octubre de 2010

Cosas que te pasan cuando vivís sola

Siempre te dicen que algo típico que te pasa cuando vivís solo es dejarte las llaves del lado de adentro y vos, como boludo, del lado de afuera. Debo decirles que a mi nunca me pasó, aunque fue durante mucho tiempo uno de mis más grandes miedos.

Sin embargo, y tal vez en mi afán de ser original, sí me pasó eso de dejar las llaves del otro lado pero, en mi caso, del lado de afuera, durante toda la noche y yo irme a dormir, como si no estuviera poniendo en riesgo mi vida al darle acceso potencial a cualquiera que se le ocurriera pasar por mi piso, por mi puerta, mirar la llave y decidir entrar.

Tan colgada estaba que no me di cuenta del descuido hasta que mi ex encargado, un señor muy particular, me golpeó muy enojado la puerta al grito de "nenaaaaaa, nenaaaaaaaaaaaa, hay que tener cuidado, nenaaaaaaa". Ese día sentí que, a pesar de mis ventilargos y mi pseudo independencia, todavía era, justamente, una "nena".

sábado, 9 de octubre de 2010

Love story

Mientras miro Notting Hill me doy cuenta de que cuanto más grandes somos, menos nos creemos las películas románticas y sus finales felices.

viernes, 8 de octubre de 2010

La prueba

Fuentes confiables de información me comunican que, entre los hombres, existiría una práctica más que eficiente para comprobar (o no) la supuesta infidelidad de una mujer y se titularía "la prueba de la bañera".

Debo decir que es la primera vez que escucho al respecto y dudo realmente de la eficiencia de la misma. Por favor, confirmar, negar o informar cualquier dato que pueda tenerse al respecto.

Se agradece.

jueves, 7 de octubre de 2010

No digas si, di chiiii

Todos sabemos lo que pasa en una pareja cuando hay intimidad. No, no estoy hablando de la chanchada. Estoy hablando de los códigos en común. Hablo de esas cosas que uno hace únicamente con su novio/a porque, de hacerlas en sociedad, sería tildado de, básicamente, tarado.

Ejemplos hay miles: hablar como bebitos (cosa espantosa de observar desde afuera), decirse apodos mutuos, tirarse besos al aire por doquier, pelear hasta la muerte por quién quiere más al otro. Y está perfecto. Son esas cosas que hacen a la complicidad, a reírse con nuestro peoresnada.

Sin embargo, hay que tener cuidado. Cuidado de que esas costumbres no escapen de la esfera íntima y, de repente, nos encontremos diciéndole "amor" a nuestro jefe, mandándonos un "chiiiii" cuando alguien nos pregunta algo o, la peor de todas, tirándole un beso al aire a un compañero de laburo, simplemente como un acto reflejo del cruce de miradas, y que éste se te quede mirando extrañado mientras piensa "¿esta mina me tira onda o a mi me parece?".

miércoles, 6 de octubre de 2010

No te enamores, nono

¿Qué hay de la gente esa que anda por la vida diciéndole a cualquiera que se le ponga en frente "no te enamores"? Te lo dicen como te estuvieran haciendo un favor al advertirte, como si fuera imposible que no te enamoraras. Como si, eventualmente, fueras a caer rendido a sus pies tal como su historial de conquistas lo demuestra.

¡Ridículos! Como si una tuviera la capacidad de elegir, racionalmente, de quién enamorarse y de quién no. Y por más que me digan que el cerebro hace cálculos de ganancias y pérdidas antes de caer rendido a los pies de alguien, yo no me la creo.

No me vengan con pelotudeces. ¿Elegir de quién enamorarnos? ¿Decidir que no te vas a enamorar de tal porque no te conviene? Por Dios...

martes, 5 de octubre de 2010

Meet me halfway

De vez en cuando nos olvidamos de aquello que sabemos. Por ejemplo, yo me olvido todos los días de que mi pelo suele rebelarse y que, si no le doy con el secador, aparecen los rulos más horribles que alguna vez hayan existido. También me olvido de hacer la cama todos los días, pero ese es otro tema.

La información que tenemos incorporada tendemos a dejarla de lado para poder pensar en otras cosas. Suele pasar que, de repente, no te acordás en qué momento abriste la puerta de tu casa y saliste a la calle. Todo el proceso de abrir puerta-cerrar puerta-poner llave-tomar ascensor lo hacemos automáticamente, casi por inercia. Es un proceso que tenemos aprendido y no necesitamos pensar al realizar.

Algo así me pasa con la diferencia de edad que tenemos G. y yo. Él tiene 5 años menos pero la realidad es que, en el día a día, no lo noto. No tenemos grandes diferencias en cuanto a nuestra forma de ver la vida, no tenemos problemas para manejarnos con la rutina. Lo hacemos sin que se note la diferencia. Todavía no decidí si él es muy maduro o yo muy pendeja pero, sea por lo que sea, podemos convivir con la diferencia de edad sin notarlo.

Hasta acá todo muy lindo ¿verdad? Si. Hasta que, de repente, te cae la ficha.

Ayer, después de "discutir" con él por cómo se decía ósmosis (él lo pronunciaba osmosis y yo ósmosis) y luego de que me diera la razón, se dio el siguiente diálogo:

- Amor, nunca te olvides de algo: yo tengo 31 años, vos tenés 27. De algo me sirven los años de más
- Yo no tengo 27, tengo 26...
- No, tenés 27
- No, tengo 26

En ese momento, casi como si una luz hubiese descendido del cielo, entendí todo. ¡Claro que todavía no va a querer hijos! ¿Cómo podría? Yo, a los 26, ni soñaba con tener hijos. No tenía, aún, la necesidad. A los 31... claro, ya es otra cosa.

Entonces, empecé a plantearme cómo resolver este tema. Es algo que venimos conversando hace rato. A los 31 existen ciertas necesidades, ciertas ganas que a los 26 ni por asomo. Y si, yo elegí estar con él, lo elegí con diferencia de edad incluida. Pero... él también eligió estar con alguien 5 años más grande, ¿no?

La solución que encontramos en su momento fue establecer un plazo. Él propuso 5 años y yo dije 3. Después de cálculos y más cálculos, todavía no llegamos al número exacto. Es que depende de a partir de cuándo lo cuentes y depende de si los 9 meses de embarazo cuentan o no. Claro que para él no cuentan y para mi sí cuentan.

Pero ayer me di cuenta de algo más. A los 27 años se da un cambio de vida. Conozco a varios que sufrieron alguna especie de crisis (no necesariamente de connotaciones negativas) y fue un clic. Yo misma, a los 27, cambié mi vida radicalmente.

Entonces decidí que puedo esperar. Esperar a que cumpla sus 27 años y viva su crisis de cambio de vida, mientras eso no implique dejarme por una mina 10 años más joven, claro está. Puedo esperar a que cumpla 27 años y le surjan, así como misteriosamente, las ganas de ser padre, las ganas de casarse, las ganas de mudarnos a una casa más cómoda.

Puedo esperar. Total, hace dos años que estamos juntos y en un mes cumple 27. ¿Cuánto me puede costar esperar ese mes?

lunes, 4 de octubre de 2010

Dale, puteame

Pensé en escribir un post pero me di cuenta de que antes de hacerlo, tenía que sincerarme. Tenía que, de una vez por todas, contarles lo que me pasó, lo que sentí y contra lo que lucho.

Entre aquellas cosas que evitan que yo sea 100% auténtica está el hecho de que ahora mi blog es leído por mucha gente que me conoce. Antes sólo algunos conocían mi blog y, de esos, algunos, apenas dos o tres, entraban regularmente y/o me hacían comentarios al respecto.

Ahora son varios los que leen. Varios los que leen y comentan. Varios los que leen y después me hacen comentarios en persona sobre lo que leyeron acá. Y eso, lamentablemente, me condiciona. O, mejor dicho, me condicionaba hasta el miércoles pasado (o jueves o viernes, estas cosas nunca tienen una fecha específica). Porque, la verdad, decidí que esto no podía seguir así. No tiene sentido escribir acá si no puedo decir lo que realmente tengo ganas de decir o si escribo con miedo o refrenando lo que siento.

Obviamente, esto traerá consecuencias pero, como dijo alguien por ahí, somos adultos y tenemos la capacidad de enfrentar lo que devenga de nuestras decisiones.

Por otro lado, me pasó que me asusté. De repente sentí que tenía que postear seguido, que tenía que escribir algo interesante, que tenía que mantener vivo el blog porque era una oportunidad, materia prima, una cosa de la que podían salir otras cosas. Yo sé que hay blogs que reciben miles y miles de visitas por día pero yo nunca había superado las 600/700. Y de repente, un día, dos días, tres días tuve más de 1000, 1500, 2000. Y si, es como todo. Eso hizo que quisiera mantenerlos, que no se fueran, que encontraran algo copado que los hiciera quedarse, o volver.

Boluda. Soy una boluda. Porque al final, por querer hacer algo copado, por querer aprovechar oportunidades, terminé cagándola. No es que lo que haya posteado en este último tiempo no sea mío. Pero esta presión auto impuesta, este miedo a "perder oportunidades" me hizo creer que realmente las oportunidades estaban ahí. Y la verdad, chicos, es que las oportunidades no están ahí, están acá, adentro mío.

Yo antes era de esas personas que se quejan de la vida y todas sus cagadas. Creía que tenía mala suerte, que a mi nunca se me daban las cosas buenas, que todas las desgracias me pasaban a mi.

Un día me dí cuenta de que en realidad la vida no le pasa a uno sino que es uno el que tiene que pasarle a la vida. Y las oportunidades siempre están. Están adentro tuyo, adentro mío. Porque si de alguien depende que las cosas se den es de uno mismo.

Sentarme en la vereda a tomar mate viendo la vida pasar no es una opción hoy por hoy.

Y eso, nada más. Pueden putearme, pueden retarme, pueden decirme lo que quieran. Ya entendí y voy a intentar no hacerlo más. Me quedo con mis visitas de antes, los que venían leyendo hace rato. Me quedo con los que, a pesar de no conocerme, me conocen. Me quedo con sus mails, que me hacen reir y que me hacen pensar que es de no creer que alguien le mande un mail a alguien para decirle cosas tan lindas como las que ustedes me dicen cada vez que me escriben. Me quedo con los que están acá porque realmente les interesa y les divierte o les sirve de algo.

Y si, pueden pensar que este post está de más, que no vale la pena o que no es necesario. Y saben qué? No me importa. Es mi blog y escribo lo que quiero!

TTPP!!!

viernes, 1 de octubre de 2010

Derrotero de un depto en microcentro

Cuando todavía vivís con tus viejos, la posibilidad de irte a vivir sola y tener tu propia casita suena como el paraíso. Pensás que todo lo que necesitás para ser feliz se materializará en ese monoambiente que apenas podrás pagar pero que te traerá toda la paz.

El día que decidí irme a vivir sola empecé a ahorrar todo lo que pude para comprarme, mínimo, una heladera. No es que haya tenido que salir a buscar departamentos. Casi como un anillo caído del cielo justo en mi dedo, me ofrecieron este departamento que supo ser de 1 ambiente, ahora convertido en dos. Chiquito, con baño, cocina "integrada" (lo que significa que se te llena todo de humo cada vez que hacés un bife), un cuartito mínimo y un lugar de estar. No estaba vacío: venía con una cama de plaza y media y un futón que los dueños anteriores, mi primo y su mujer, no habían querido llevar a Brasil cuando se mudaron. Además, un aire acondicionado, el primero de mi vida, que también había quedado puesto.

El precio más que especial que me hicieron fue lo que permitió que pudiera irme a vivir a este departamento con un sueldo de, apenas, $1200 pesos. No me pregunten cómo pero durante un año viví con menos de $10 pesos por día (más $70 que mi hermano me regalaba en tickets para el supermercado). Tuve momentos de endeudarme un poco, tuve épocas en las que apenas me alcanzaba para ir a trabajar y volver, tuve semanas de comer con $3,5. Después, cambié de trabajo y mi sueldo mejoró un poco. Finalmente, me puse de novia y con al tiempo, junto con mi sueldo mejorado, se incorporó un ingreso a la nueva formada familia, y pude (pudimos) vivir mejor.

Nada de esto importaba, igualmente. Yo era feliz. Era feliz aunque no pudiera comprarme unas botas nuevas, aunque no pudiera salir todos los fines de semana, aunque tuviera que decir que no a la mayoría de los programas a los que era invitada. Yo era feliz. Tenía mi casa, con sus paredes de colores, una roja y la otra verde. Tenía mi camita, tenía mi futón destrozado, tenía el aire acondicionado que chorreaba.

Después, tuve una semana en la que el agua decidió no circular por mi depto. Al tiempo, un buen día, me quedé sin luz y durante dos meses viví así, a oscuras. Luego, el gas decidió ser protagonista de la historia y decidió abandonarnos (porque ya eramos dos) por más de tres meses. Claro que desde siempre tuve a mis mejores amigos acompañándome en todas estas situaciones: los murciélagos que decidieron que mi casita también les quedaba perfecta a ellos. Además, tuve la mala suerte de que justo cuando yo me mudé, decidieron empezar con los arreglos de todo el edificio, lo que significó un gran incremento en las expensas durante los próximos años.

La cosa es que la fantasía de tu casa y tu lugar se mancha de vez en cuando. Yo lo sabía. Sabía que no iba a ser todo perfecto. Pero, estadísticamente hablando, ¿cuántas posibilidades hay de que en menos de tres años un mismo departamento pase por todas estas cuestiones? Porque, además, no les conté que este año la administración decidió que prender la caldera era demasiado caro y pasé meses congelada. No sólo porque no tuviéramos la calefacción central sino, además, porque el depto quedó sensible después del tema de la electricidad y cualquier caloventor común hacía que saltara la térmica. Un día, incluso, llegué a casa y me lo encontré a G. sentado en la computadora con la campera puesta. ¡Hacía más frío adentro de la casa que afuera! Ese día decidí comprar la Ecosol, una placa de cerámica que, supuestamente, iba a solucionar todos mis problemas. Recién a las dos semanas empezamos a notar el cambio, pero durante esos primeros 14 días, juré que, una vez más, me habían cagado (la historia de la calefacción este año es eterna y está rodeada de compras fallidas, pero otro día se las contaré).

Mis paredes de colores siguen estando. Mi casita sigue siendo mía. Con el tiempo, fui incorporando más cosas mías y menos cosas prestadas. Ahora tenemos una tele copada, una cama grande, varios electrodomésticos (plancha incluida), toallas, sábanas y todo lo necesario para cocinar. Me compré el lavarropas, lo que me hizo feliz, y ya terminé de pagarlo.

Porque ese fue otro tema: la ropa. Al principio, iba una vez por semana a lo de mis viejos con el bolso cargado de ropa. Lavaba y volvía con la ropa mojada para colgarla en el tender que se desplegaba en el baño. Luego, decidí que era más práctico llevar todo al Laverrap y grande fue mi susto cuando pensé que estaba engordando demasiado rápido, aunque la calma llegó cuando me di cuenta de que, en realidad, era el maldito Laverrap el que me achicaba la ropa con el secador.

Como sea, vivir sola (y después acompañada) está bueno. Es un aprendizaje continuo, implica un sacrificio y esfuerzo grandes y una fuerza de voluntad importante. Pero está bueno.

Sin embargo, hay que estar preparado. Preparado para tener que pensar qué cocinar todos los días. Preparado para hacerte cargo de lo necesario cuando se rompe todo. Preparado para espantar murciélagos cuando se meten en tu casa. Preparado para despertarte hecho un nudo porque te quedaste dormido viendo tele en el sillón y no estaba tu vieja para avisarte que te pasaras a tu cama.

Vivir solo es mucho más que vivir solo. Es vivir acompañado de uno mismo y aprender a convivir con eso. Es bancarte que, cuando estás enfermo, nadie más que vos puede salir a buscar los remedios. Vivir solo implica hacerte cargo de tu vida al 100%.

Algunos lo hacen cuando son muy chicos. Otros lo hacemos a una edad más avanzada. Yo tenía 27 años cuando finalmente me fui de casa. No lo hice por necesidad ni por presión. Lo hice por gusto. Cuando todos me decían que aproveche para tirarme el sueldo encima, yo decidí que era mejor alquilar. Y fui feliz, muy feliz. Mi casita de San Martín siempre va a ser muy simbólica para mi.

No sé si algún día, espero que si, me mudaré. Ya tengo ganas de estar más cómoda. Tengo ganas de un balcón y de macetas con flores, aunque sé que se me morirían en cuestión de días. Pero tengo ganas. G. no quiere saber nada. Seguimos pagando precio preferencial y, con toda la lógica, prefiere ahorrar para, el día de mañana, comprarnos algo. Yo lo veo como algo tan imposible (eso de salir con el cartel de Dueños en la publicidad) que prefiero pagar más caro por una calidad de vida mejor.

Sea como sea, y por el tiempo que me quede por vivir, "siempre tendremos San Martín".