sábado, 28 de junio de 2008

No me acostumbro

No me acostumbro a vos, y entonces pasa que de repente vuelvo a ver mi nombre y me sonrío, porque vos me escribís de esa forma, tan tuya y tan mía.

Y pasan tus letras, por todos los medios que el hombre ha inventado y la tecnología se alía con nosotros para complotar contra la normalidad de todos los días, contra los viernes de oficina y las tardes semanales siempre iguales. Y de vez en cuando, cuando se puede, cuando podemos, nos escapamos juntos, y nos envolvemos en plumas blancas, que no pueden creer el lujo que tienen al taparnos del frío de afuera.

Plumas que son testigo de charlas interminables, de mates compartidos y una magia (porque sí, es magia lo que pasa cuando vos y yo y nosotros dos juntos nos unimos ahí) donde el truco morirá con el mago.

Es entonces cuando me doy cuenta de que lo bueno de todo esto es conocerte, y quererte y tenerte una vez cada años, porque al fin y al cabo, no soy egoísta y te dejo, te dejo ir, porque sé que en algún momento volvés.

Y no señores, no será amor, no al menos del tradicional, pero vos y yo creamos un amor distinto y paralelo, que no admite miradas que juzguen, ni sonrisas socarronas. No me enamoré de vos, y vos tampoco de mi, y sin embargo, que enamorados que parecemos a veces, no?

Poder jugar con vos es un lujo que se me niega en la normalidad de los días, y al mismo tiempo, hace que ese juego, al que accedemos sólo cuando la dicha es buena y la moneda cae a nuestro favor, se convierta en especial, único, diferente y nunca rutinario.

Dame más, o dame menos, pero dame, por favor, dame. Hasta que me muera.

I adore you, coshita

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