martes, 17 de junio de 2008

Martes de Agustín: La hora de la verdad

Me desperté en CC y con dos días por delante cerca de Agustín. Creo que en alguna parte de la ruta, mi cabeza hizo un clic, y dejé automáticamente de pensar en I. Ahora me enfrentaba a otro problema: mis abuelos estaban en CC y yo iba a dormir a su casa. Tenía que encontrar la forma de zafar de ellos esa noche, para poder hacer lo que quisiera sin dar mayores explicaciones.


El destino, sin embargo, cuando quiere acomoda todo a su favor, y me encontré con mi abuelo diciendomé: "Pau, esta noche nos vamos a L. (pueblo cercano) y nos quedamos a dormir allá. Si querés, vení. Si no querés, te quedás sola en esta casa gigante y para vos sola, con miles de camas a tu disposición y con toda una noche a solas con Agustín" (Claro que todo lo que viene después de "si no querés..." no lo dijo, eso lo pensé yo cuando escuché la primera parte).


Y eran las 3 de la tarde y le mandé un mensaje a Agustín. No contestó. Y le mandé otro. Tampoco contestó. "Este hijo de puta me hizo venir hasta acá y ahora no me contesta. Yo no aprendo más". Y el destino, complotando a mi favor de nuevo, puso a mi primo delante mío que me dijo: "Che, Pau, si querés salir con nosotros hoy, llamame. No mandes mensajes porque acá los mensajes no andan, no llegan".


Y entonces busqué en la guía su teléfono y lo llamé. Estaba durmiendo.


"Hoy me quedo aca sola. Si querés, venite y cocinamos algo y charlamos".


Y vino, y cocinamos, y charlamos. Y eran las 12 de la noche y no había pasado nada. Después de 5 horas de charla, mis recursos se estaban agotando. Charla que, para colmo de males, no tenía que ver con nosotros, sino con I. Miles de preguntas: "Y ya habían elegido iglesia?" "Y ya tenés el vestido?" "Y vos querés estar con él?".


Y de repente, no sé con qué excusa, me agarró la muñeca y yo sentí el cuerpo se me paralizaba.


"Estás nerviosa. Yo también."


Y nos dimos un beso, y otro, y otro más. Y de golpe estábamos acostados en la cama del cuarto azul, en esa donde dormían mis viejos cuando éramos chicos y nos íbamos de vacaciones a CC. Y él me decía "15 años esperando esto", "no te alejes ni un segundo de mi" y cosas por el estilo. Y yo... Dios! Mi cabeza estaba tan confundida! Y me dejé llevar por el instinto animal, y decidí que no era momento para arrepentirse, y que de hecho, no solo no me arrepentía, sino que, todo lo contrario, agradecía el momento en que había dicho: "Ok, voy".


Y al rededor de las cuatro de la mañana, él decidió que era hora de irse. Y caminamos por la galería de la casa abrazados, como si realmente estuviéramos enamorados, sabiendo que al otro día no nos íbamos a ver, y que Dios sabía cuando íbamos a juntarnos de nuevo. Y nos despedimos, yo sabiendo que era algo que iba a quedar en un "sueño de una noche de verano", él prometiendo cosas sin sentido, que nadie pedía que prometa.


"Tomate esto como una bienvenida a la soltería... o una despedida de soltera".


Y quizá todo hubiese sido mejor si hubiese quedado ahí. Si esa noche hubiese marcado lo que efectivamente fue mi bienvenida a la soltería, y no se hubiese prolongado en lo que terminó siendo. Porque claro... las cosas no podían salir bien. Y al otro día empezó todo.

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