martes, 20 de mayo de 2008

Martes de Agustín: Una amiga menos

Es complicado explicarles todo lo que significó para mí mudarme a Bs.As. No solo es complicado, sino que creo que solo aquellos que hayan vivido una experiencia tan desarraigante pueden llegar a entenderme. El 94, 95 y 96 fueron los años más difíciles de mi vida. Pero esta historia no es sobre mí, sino sobre Agustín, así que volvamos al camino.

Digamos que mis primeros años en Bs.As. no fueron los mejores. Y mi depresión post mudanza no fue suficiente. Tuvo que pasarme que una de las pocas amigas que logré hacer en esos primeros años me cagara.

En el 94 entré a mitad de año a un colegio que fue la peor tortura que se puedan imaginar. Terminé con 9 materias en diciembre, tres a marzo, y una autoestima y aislamiento social indescriptibles. La mejor idea fue cambiarme de colegio, y empecé el 95 en nuevo colegio.

Ahí conocí a María. María era... uff, no puedo explicarles lo que era María. Solo puedo decirles que se apoderó de mi, de mi falta de amigas, de mi inseguridad, y me absorbió por completo.
En julio decidí partir una semana a CC y la invité a que viniera conmigo. Estuvimos unos días allá, y obviamente conoció a Agustín.

Fuimos los tres a bailar, y en medio de la borrachera, Agustín me sacó afuera del boliche, y mientras nos congelábamos los huesos me dijo:

- Vos pensás que yo quiero ser tu amigo por lo que vos tenés, por tu familia, por lo útil que podés resultar para mi en un futuro. Y no es así. Si entre nosotros pasa algo, va a ser por que vos me gustás y no por otra cosa.

Y entonces, se inclinó e intentó darme un beso, pero yo le corrí la cara. Él estaba borracho, yo estaba terriblemente dolida por lo que acababa de decirme. Yo nunca imaginé que él pudiera tener esa idea en su cabeza.
Él me había comentado que tenía ganas de venirse a vivir a Bs.As. y yo me había ofrecido a ayudarlo a conseguir trabajo. Mandar su CV (prácticamente inexistente, no nos olvidemos de las edades) a mis conocidos, a contactos de mis conocidos. Pero nunca pensé que su interés en mi fuera por ese costado. Y, al hacerme ese planteo, de alguna forma exponía la idea y la metía en el medio de nuestra "relación".

Nuevamente, tuvimos una de nuestras tantas peleas, y partimos del boliche con María. Al día siguiente, ella, con la excusa de hablar con él para "interceder" por mi, terminó apretándoselo al flaco y cagándome como la mejor. No sólo en MI ciudad, sino durmiendo en la casa de MIS abuelos, y a 500 km de Buenos Aires.

Está claro que yo a él no podía reclamarle nada. Aunque eso es relativo. Él sabía lo que a mi me pasaba, y podría haber evitado justamente levantarse a mi amiga. Sin embargo, qué podría decirle? A ella en cambio, no le volví a hablar nunca más. Se bancó un día que nos quedaba en CC y todo el viaje de vuelta sin que yo le dirigiera la palabra, y nunca más volví a mirarla. Me pidió perdón de mil formas posibles, y sin embargo... no, nena, la cagaste.

El año siguiente, Agustín se vino a vivir a Bs.As. y al principio intentamos mantener algún tipo de relación. Relación amistosa, eso es claro. Pero por alguna razón u otra, no lográbamos coordinar nuestros horarios, o nuestros tiempos. O yo no quería... no lo sé. La verdad es que por primera vez lo tenía a menos de 10 km. y sin embargo, no tenía necesidad de verlo, de estar con él.

Él se enojó conmigo, supuestamente yo era la razón por la que él se venía a Bs.As. y yo no estaba dispuesta a mantener una relación diaria con él (este reclamo fue real, aunque suene totalmente inverosímil). Yo traté de explicarle que no podía pretender tener una relación como la que podríamos tener en una ciudad más chica, donde en cualquier momento, en cinco minutos, estabas en la casa del otro tomando mates.

Y de alguna forma nos fuimos distanciando, hasta que no supe de él por un tiempo. Se mudó, cambió de teléfono, y no tenía su mail, ni nada que pudiera generar algún contacto con él. Y en ese tiempo, creo que ya andábamos por el 99', yo viajé a LR y me reencontré con un ex, y empecé una "relación a distancia". Y ahí él decidió reaparecer.

Siempre lo dije, los hombres tienen un olfato especial para reaparecer en medio de relaciones y cuando menos queremos que aparezcan.

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