Martes de Agustín: Erámos amigos y un cambio de vida

(El principio de todo esto, aca)

En algún momento de ese año empezamos a mandarnos cartas. Cartas por correo tradicional.
Agustín tenía muchas ambiciones, y yo lo miraba con admiración. Por un lado, porque tenía tres años más que yo (y, en plena adolescencia, esa diferencia es gigante) y por otro, porque estaba enamorada, je.

Debo decirles que cometí un error en el primer post, ya que el verano en el que nos conocimos, no fue el del 92, sino el del 93. Yo tenía, efectivamente, casi 14 años.

Durante el 93 nos mandamos cartas, varias, él desde el pueblo donde vivía, CC, yo desde mi ciudad, LR. Las posibilidades de vernos eran nulas y no quedaba otra que esperar al verano siguiente, cuando volveríamos todos a CC con mi familia. Tal vez algún llamado telefónico, pero no recuerdo mucho al respecto.

Y llegó finalmente el verano del 94, y volvimos a instalarnos por dos meses en CC. Retomamos la amistad casi casi donde la habíamos dejado. Él confiaba en mi (algo que suelo generar en los hombres, y termino siendo "la amiga"), y yo estaba enamorada. Entonces, nos pasábamos horas y horas sentados en la vereda, charlando de nosotros, de nuestras familias, de nuestras vidas.

Nunca intentó nada. Nunca lo vi mirarme con ojos de ganas. Nunca me tiró una indirecta que yo pudiera captar y comprender. Nada. Eramos amigos. Y llegó el 94, el año que cambió mi vida. Y él estuvo ahí. Me vio tropezar, caer y volver a levantarme. Y cambiamos nosotros.

A principios del 94, mis viejos nos sentaron a mi y a mis cuatro hermanos. Nos dijeron: "Nos vamos a vivir a Buenos Aires".
No era algo nuevo. Hacia cuatro años que teníamos la amenaza encima. Cada año, yo terminaba el colegio pensando que iba a ser el último año que viviera con mis amigas. Y sin embargo, llegaba marzo y volvíamos a empezar.

El 94, en cambio, fue distinto. La amenaza se cumplió, y empezamos los planes de mudanza. A mitad de año, aprovechando las vacaciones de Julio, partimos los 7 a Buenos Aires.
Por un tiempo, íbamos a vivir en la casa de una tía, que en ese momento estaba viviendo en EEUU. Mientras, mi vieja se dedicaba a ver deptos por toda la ciudad, hasta encontrar el indicado.

El depto de mi tia de noche se transformaba, y aparecían camas y colchones por todos lados. Creo que si caía una inspección de sanidad, no aprobabamos. Ja.

Mi segundo día en Buenos Aires me despertó con una bomba. La AMIA. Imaginen el terror que me generaba. Llegar a una ciudad gigante, anónima, vacía y tan llena al mismo tiempo y la primer noticia del día: Atentado a la AMÏA. Y nosotros, viviendo a 6 cuadras del lugar.
Las sirenas, las ambulancias, la policía, los helicópteros. Así me recibió Buenos Aires.

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