domingo, 4 de mayo de 2008

Imposible de cobrar

Tenía 14 años. Era una niña, y pensaba que me las sabía todas. Me encapriché con Marcos, y como Marcos no me daba bola, me hice amiga de su amigo: Esteban.

Esteban era un par de años más grande que yo. Y era un señorito de esos que son poco comunes. Era inteligente, divertido, y muy lindo.

Nos hicimos amigos, muy amigos. Charlábamos por horas, y él me consolaba cuando su amigo no me daba ni cinco de pelota.

Un día me dí cuenta de que me miraba raro. Se quedaba colgado mirándome y no me decía nada. Fue el día del amigo. Yo le dije: "Qué te pasa?". Él me dijo: "Tenemos que hablar".
Nos sentamos afuera de casa. Me miró, se sonrió y me dijo: "Pau, estoy perdidamente enamorado de vos".

Yo no le dije nada. Tenía miedo, supongo. Miedo porque era demasiado lo que me decía. Miedo porque yo tenía un capricho con su amigo. Miedo porque era una pendeja del demonio que no sabía quedarse quieta.
Nos abrazamos, un abrazo rápido. Y se fue. Nunca más me volvió a hablar.

Cuando pienso en todos los hombres que pasaron por mi vida, Esteban siempre viene a mi cabeza como la cuenta pendiente que es imposible de cobrar. Ya pasaron 15 años desde aquella época, y nunca más supe de su vida. Bah, si. Supe que estaba casado, que tenía un hijo (o hija, no lo sé) y sé donde vive.

No sé por qué me acordé de él hoy. Será que apareció Agustín de nuevo, y de alguna forma eso me trae recuerdos de, como diría Horacio, amores no intentados...

(Un día de estos les voy a contar la historia con Agustín. Es laaaaaaaaarga y llena de desencuentros. Si la historia con I. la tuve que contar en 8 post, la de Agustín debería contarla en, mínimo, 15)

Post recomendado del día: Menos mal, by Horacio

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