viernes, 23 de mayo de 2008

Familia unida

Hoy hablé con mi hermano. Le conté lo de mi depto. Él se ofreció a pagarme la diferencia del alquiler. Yo iba en el bondi mientras hablaba con él. Se me salieron las lágrimas de los ojos.

No es la plata en sí, es el gesto. "A mi me hace bien ayudarte, me siento bien. Por favor, dejame".

Y mientras le decía que no, que era demasiado, que no podía aceptarlo, me dijo:
"Pau, en casa ya no hay lugar para vos. Están todos los cuartos ocupados (es mentira). Además, prefiero darte la guita que tener que bancarte todos los días en casa" (todo esto acompañado de risas, obviamente).

Así que por el momento, parece que me quedo donde estoy. Ya estoy preparando mi discurso para pedir el aumento de sueldo (Gracias a vos) y veremos que sucede.

Parece que la mano está, aunque no siempre la veamos. Y si... mi hermano es un grande.

(Y aunque no tengamos que despedir SM, igual podemos disfrutarlo)

Confirmo lo que escribí en un mail que mandé el año pasado por el día del amigo: mis hermanos cada vez son más amigos míos que otra cosa.

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