Honestidad brutal

Claro que todos dicen que siempre es mejor la honestidad brutal. Digo, más vale conocer las cosas tal como son que imaginarnos cosas extrañas e infundadas.
Sin embargo, hay otro costado de esta honestidad brutal: el orgullo, que es tan real que hasta podemos tocarlo y sentir como duele.

Si, yo quiero honestidad brutal. La prefiero antes que al engaño, la mentira o la falsedad. Pero el costo de aceptarla es saber que no siempre las cosas van a ser como nosotros queremos.

Algunas frases que fueron dichas con honestidad brutal, y sin embargo, todavía duelen al recordarlas:

- Pau, no puedo ni quiero estar con vos. No puedo casarme con vos.
- No sos mi novia. Y nunca vas a serlo.
- Me encantás, me calentás, te quiero mucho... pero te falta algo.
- Sabés lo que te pasa a vos? Que sos demasiado susceptible.

Y cuando nos dicen esas cosas, nos quedamos con el culo para arriba, sin saber que contestar. Porque... qué puedo decirte cuando me decís que me falta algo? Vale que largue un par de lagrimitas, aunque eso te ponga terriblemente incómodo?
Nos bancamos ser nosotros los brutalmente honestos? Y no solo con los demás, con nosotros mismos también.

Y entonces yo me digo a mi misma: Pau... you have to change your crazy ways...

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