La necesidad tiene cara de hereje, dicen. Y el hereje es capaz de cualquier cosa para conseguir satisfacer su necesidad.
No hablo de necesidades ubicadas en un nivel elevado de la piramide de Maslow. Hablo de aquellas más rudimentarias, de aquellas básicas.
Me refiero, específicamente, a la capacidad que tiene el ser humano de extraer hasta la última gota de aquello que necesita, antes de quedarse sin la cosa misma.
A los ejemplos me remito:
1- Pasta de dientes: Normalmente, bañaremos nuestro cepillo de dientes con una abundante línea de pasta. Qué pasa cuándo la misma está casi al borde del desabastecimiento? Apenas una punta alcanzará para satisfacer nuestra necesidad de lavarnos el comedor.
2- Shampoo: Generalmente, usamos una cantidad aproximada (estudios científicos lo demuestran) que se asemeja al tamaño de una moneda de 50 centavos. Claro, cuando el mismo está al borde de la extinción, apenas unas gotas, mezcladas con agua y trabajadas con nuestras manos, serán suficientes para lavarnos el pelo.
3- Papel higiénico: Ah! Qué lindo poder limpiarnos con un rollo bien armado de papel. Sin preocupaciones por nada, más que pasar el mismo por los lugares adecuados. Sin embargo, se fijaron que cuando no quedan más servilletas, rollos de cocina, y del rollo de papel higiénico cuelga apenas unos centímetros, nos las arreglamos bastante bien para llevar a cabo la tarea?
(El título del post está inspirado en El país de las últimas cosas, de Paul Auster. Se recomienda fuertemente su lectura)
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